Publicado en Turismo España
Un peñón, un castillo y un mar que no perdona indiferencia
Hay pueblos que se visitan y pueblos que se recuerdan. Peñíscola pertenece a la segunda categoría. Basta con verla desde lejos —esa mole de casas blancas trepando por una roca que se adentra en el Mediterráneo, coronada por un castillo de piedra dorada— para entender por qué lleva siglos fascinando a viajeros, cineastas y peregrinos. No es solo una postal bonita: es un lugar donde la geografía, la historia y la leyenda se dieron cita de una forma que casi ningún otro destino de la costa española puede igualar.
La ciudad que fue, por un tiempo, el centro de la cristiandad
El gran protagonista de Peñíscola es su castillo, construido por los caballeros templarios entre los siglos XIII y XIV sobre el punto más alto del peñón. Pero lo que lo convirtió en leyenda no fueron los templarios, sino el hombre que lo habitó después: Benedicto XIII, conocido popularmente como el Papa Luna. Durante el Cisma de Occidente, cuando la Iglesia católica llegó a tener hasta tres papas rivales al mismo tiempo, este pontífice aragonés se atrincheró en Peñíscola y convirtió el castillo en una auténtica sede papal, comparable a las de Roma o Aviñón. Se resistió a renunciar hasta el final de sus días, y esa terquedad legendaria sigue siendo hoy uno de los grandes reclamos del lugar: guías y visitantes reviven cada verano sus intrigas y su exilio dorado entre las murallas.
Un plató de cine sin necesidad de decorados
Que un lugar sea fotogénico es una cosa; que Hollywood y las grandes productoras lo elijan una y otra vez es otra muy distinta. Peñíscola ha servido de escenario para películas históricas como "El Cid", protagonizada por Charlton Heston y Sophia Loren, precisamente porque su arquitectura medieval no necesita apenas retoques para parecer sacada de otra época. Más recientemente, la serie "Juego de Tronos" rodó allí varias escenas de la ciudad ficticia de Meereen, aprovechando sus murallas renacentistas y sus callejuelas empedradas. Para muchos visitantes actuales, reconocer estos rincones en persona es parte del atractivo: caminar por donde caminaron los personajes que vieron en pantalla.
Más allá del castillo: murallas, calas y un bufador que ruge
El casco antiguo de Peñíscola merece un paseo sin prisa. Sus murallas defendieron antiguamente a la población de los ataques de piratas berberiscos, y todavía se puede acceder a la ciudadela por tres portales originales. Entre las curiosidades locales destaca el "bufador", una grieta natural en la roca donde el mar entra con fuerza y libera el aire comprimido con un sonido característico, un pequeño espectáculo natural que sorprende a quien no lo espera. Y, por supuesto, está la playa: una franja de arena fina que se extiende junto al peñón y que ha sido premiada repetidamente con la Bandera Azul por la calidad de sus aguas.
Naturaleza, sabor y motivos que van más allá del verano
Peñíscola no vive solo del sol de julio y agosto. A escasos minutos se encuentra el Parque Natural de la Sierra de Irta, uno de los últimos tramos de costa virgen del Mediterráneo español, ideal para senderismo y calas casi solitarias. La gastronomía local, centrada en el arroz y el pescado fresco recién desembarcado, añade otro motivo de peso para quedarse más de un día. Todo esto explica por qué Peñíscola atrae tanto a quienes buscan historia y cultura como a quienes solo quieren playa, y por qué son cada vez más los visitantes que la eligen como escapada durante todo el año, no solo en temporada alta.